Ante las pintas realizadas a la estatua del General Emiliano Zapata Salazar en el centro de Cuernavaca, la familia Zapata Salazar desea expresar lo siguiente:

Como descendientes directos, guardamos un profundo respeto y amor por la imagen y los monumentos que honran la memoria del General. Para nosotros, estos espacios son símbolos de orgullo y raíz que merecen ser preservados y respetados por su significado histórico.
Sin embargo, nuestra herencia no es de monumentos inmóviles, sino de ideales vivos. Entendemos que una estatua no define nuestra historia ni la lucha que el General inició por la justicia social.
El zapatismo es, ante todo, una lucha por los derechos de quienes han sido históricamente vulnerados. En este día, reconocemos que la exigencia de seguridad y justicia de las mujeres es una causa legítima que resuena con los valores de libertad y tierra que defendió nuestro ancestro.
Lo que verdaderamente honra el legado de la familia Zapata Salazar no es la limpieza de un monumento, sino los hechos y la protección de la integridad de cada mujer. Las paredes se limpian y el bronce se restaura; sin embargo, las vidas que se pierden y los derechos que se vulneran dejan marcas permanentes en nuestra sociedad.
Reiteramos nuestro respeto a la libre manifestación y nuestra convicción de que la lucha por la dignidad humana siempre estará por encima de cualquier objeto material.
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